9 años de mierda.
viernes, 18 de mayo de 2012
jueves, 3 de mayo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
Esa sensación de que nunca le vas a importar a nadie por mucho que hagas. De que siempre, toda tu vida, vas a ser un incordio para los demás. Esa sensación de que no vas a encontrar nunca a nadie que te entienda, que te apoye o que te aprecie aunque sea un poquito...
Cuando hablas con alguien de esta sensación, su respuesta suele ser siempre la misma.
''Todos hemos pasado por eso.'', queriéndole quitar importancia.
Toda esa gente, si de verdad lo han pasado deberían apoyar a quienes estamos pasando por ello ahora, y no tomarlo como una tontería.
No es fácil, y ellos deberían saberlo.
Cuando hablas con alguien de esta sensación, su respuesta suele ser siempre la misma.
''Todos hemos pasado por eso.'', queriéndole quitar importancia.
Toda esa gente, si de verdad lo han pasado deberían apoyar a quienes estamos pasando por ello ahora, y no tomarlo como una tontería.
No es fácil, y ellos deberían saberlo.
miércoles, 4 de enero de 2012
Imagínate, un acuario, un acuario cilíndrico. Un pez dorado dentro, hundido en medio de su océano. Ha tocado fondo y ha levantado un poco de arena, creando una pequeña nube. El pez se siente muy triste y solo en la pecera. Se choca continuamente, con la sensación de que es una barrera invisible, que le impide avanzar y comunicarse con los demás...Lo que nunca se le ocurre, es mirar hacia arriba y ver que hay un agujero circular en su océano, por donde puede salir. Y una vez lo hace, de repente se encuentra con un océano enorme, con más peces, algunos diferentes a él, muuuuuuuuchos diferentes a él. Pero también algún que otro ejemplar igual que él. La cuestión es darte cuenta que nosotros no somos más que peces, encerrados durante cierta etapa de nuestra vida en un acuario que nos oprime y quita el oxígeno.
A medida crecemos y tenemos la sensación de qué es cada vez más estrecho. Basta con salirnos de él una vez para comprobar que no, no estamos solos.
A medida crecemos y tenemos la sensación de qué es cada vez más estrecho. Basta con salirnos de él una vez para comprobar que no, no estamos solos.
martes, 3 de enero de 2012
Y entonces entré en contacto con el agua. El agua más helada que había sentido nunca mi piel.
Y tras acostumbrarme al agua helada, que fue cosa de unos 3, o quizá 4 minutos, cogí mi botella de vodka, y le pegué un primer trago.
[Él me quiere.]
Sonó el teléfono, no sabía quién era, aunque podía imaginármelo, y realmente, me daba igual. Sería él, supongo. Querría preguntarme con quien estaba, que había hecho con mi vida. Como siempre. Y, tras pensar tal cosa, le pegué un segundo trago a la botella que tenía en las manos.
[Yo le quiero.]
El teléfono había dejado de sonar, para, 4 segundos después, empezar de nuevo. Podría ser algo grave, pero no me importaba. Tercer trago.
[¿Qué debo hacer?]
Me coloqué la botella entre las piernas, cogí mi móvil y lo apagué. Me sumergí en el agua durante todo el tiempo que pude, y, después, nada más salir, pegué el cuarto trago.
[¿Creerle? ¿Debo creerle?]
Cogí el móvil de nuevo, lo encendí, y abrí mi lista de reproducción. Necesitaba relajarme, pero, ¿cómo? Después de todo… No sabía ni cómo podía seguir viva. Y no sé si me alegraba de estarlo, pero, bueno, lo estaba. Quinto trago, el más largo de todos.
[¿Debo hacer caso a mi corazón?]
No sabía que debía hacer en ese momento, así que, no hice nada. Me quedé allí, helada.
Y tras acostumbrarme al agua helada, que fue cosa de unos 3, o quizá 4 minutos, cogí mi botella de vodka, y le pegué un primer trago.
[Él me quiere.]
Sonó el teléfono, no sabía quién era, aunque podía imaginármelo, y realmente, me daba igual. Sería él, supongo. Querría preguntarme con quien estaba, que había hecho con mi vida. Como siempre. Y, tras pensar tal cosa, le pegué un segundo trago a la botella que tenía en las manos.
[Yo le quiero.]
El teléfono había dejado de sonar, para, 4 segundos después, empezar de nuevo. Podría ser algo grave, pero no me importaba. Tercer trago.
[¿Qué debo hacer?]
Me coloqué la botella entre las piernas, cogí mi móvil y lo apagué. Me sumergí en el agua durante todo el tiempo que pude, y, después, nada más salir, pegué el cuarto trago.
[¿Creerle? ¿Debo creerle?]
Cogí el móvil de nuevo, lo encendí, y abrí mi lista de reproducción. Necesitaba relajarme, pero, ¿cómo? Después de todo… No sabía ni cómo podía seguir viva. Y no sé si me alegraba de estarlo, pero, bueno, lo estaba. Quinto trago, el más largo de todos.
[¿Debo hacer caso a mi corazón?]
No sabía que debía hacer en ese momento, así que, no hice nada. Me quedé allí, helada.
jueves, 24 de noviembre de 2011
domingo, 13 de noviembre de 2011
Es muy triste no tener a quien echar de menos. No tener a quien contarle tus secretos, las travesuras que has hecho últimamente. No tener a quien impresionar con algunos de tus logros, alguna foto que realmente sea bonita, una canción que has encontrado y prácticamente nadie conoce.
No tener con quien compartir, o a quien recomendar libros.
Tener que crear un blog, (qué, sabes que nadie va a leer) para poder desahogarte, y quizá no sentirte tan solo.
Y, a pesar de todo, lo más triste, o quizá lo más duro, es tener que aparentar ser feliz, o forzar una sonrisa.
No tener con quien compartir, o a quien recomendar libros.
Tener que crear un blog, (qué, sabes que nadie va a leer) para poder desahogarte, y quizá no sentirte tan solo.
Y, a pesar de todo, lo más triste, o quizá lo más duro, es tener que aparentar ser feliz, o forzar una sonrisa.
jueves, 10 de noviembre de 2011
-Alguna vez habrás viajado en avión, verdad?
Él asintió.
-Habrás visto desde arriba una ciudad entera, que no es la tuya. Pero nunca te has parado a pensar...que en ese preciso instante, estás sobrevolando a probablemente un millón de personas, de las que desconoces totalmente sus vidas. Probablemente ni 10 personas en este momento del millón qué hay abajo, están mirando hacia arriba, hacia tu avión, pensando quienes los están sobrevolando.
Es una sensación extraña, esa de despegar y darte cuenta de que hay más mundo, de que no estás solo.
-Habrás visto desde arriba una ciudad entera, que no es la tuya. Pero nunca te has parado a pensar...que en ese preciso instante, estás sobrevolando a probablemente un millón de personas, de las que desconoces totalmente sus vidas. Probablemente ni 10 personas en este momento del millón qué hay abajo, están mirando hacia arriba, hacia tu avión, pensando quienes los están sobrevolando.
Es una sensación extraña, esa de despegar y darte cuenta de que hay más mundo, de que no estás solo.
martes, 25 de octubre de 2011
jueves, 6 de octubre de 2011
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