martes, 3 de enero de 2012

Y entonces entré en contacto con el agua. El agua más helada que había sentido nunca mi piel.
Y tras acostumbrarme al agua helada, que fue cosa de unos 3, o quizá 4 minutos, cogí mi botella de vodka, y le pegué un primer trago.
[Él me quiere.]
Sonó el teléfono, no sabía quién era, aunque podía imaginármelo, y realmente, me daba igual. Sería él, supongo. Querría preguntarme con quien estaba, que había hecho con mi vida. Como siempre. Y, tras pensar tal cosa, le pegué un segundo trago a la botella que tenía en las manos.
[Yo le quiero.]
El teléfono había dejado de sonar, para, 4 segundos después, empezar de nuevo. Podría ser algo grave, pero no me importaba. Tercer trago.
[¿Qué debo hacer?]
Me coloqué la botella entre las piernas, cogí mi móvil y lo apagué. Me sumergí en el agua durante todo el tiempo que pude, y, después, nada más salir, pegué el cuarto trago.
[¿Creerle? ¿Debo creerle?]
Cogí el móvil de nuevo, lo encendí, y abrí mi lista de reproducción. Necesitaba relajarme, pero, ¿cómo? Después de todo… No sabía ni cómo podía seguir viva. Y no sé si me alegraba de estarlo, pero, bueno, lo estaba. Quinto trago, el más largo de todos.
[¿Debo hacer caso a mi corazón?]
No sabía que debía hacer en ese momento, así que, no hice nada. Me quedé allí, helada.

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